Admito que es esta la verdad…
¡Hay tanto pesimismo en todo..!
Un corazón quebrado, roto advenedizo,
callado, ¿¡muerto!? ¿existe?
Pero
¡hasta dónde trascendemos tanta injusticia!.
Yo conocí el perdón hoy..
entendí los efectos de su poder..
Entendí cuales son las cadenas que nos atan..
las que realmente destruyen.
Uno pueden querer sentirse herido hasta la muerte..
quizás hay más oscuridad que luz..
¡y se camina tropezando con cualquier vida,
cualquier agente..!
Uno puede acabarse; dejar su vida en ruinas..
hacer de la equivocación un homicidio, un error postrero..¡infalible..!
y al tiempo, decir que es el amor..
Nunca hubo mayor equivoco que las hipocresías nacidas del miedo..
Uno puede huir, esconderse, ocultarse,
fingir que en una soledad todo es alegría,
¡¡La felicidad vivida!!, ¡el renacimiento!
Los minutos que desprecian la desdicha,
la burda miseria,
al hombre y su significado,
sea perverso o incierto.
Uno puede coger a sus hijos, a sus amigos,
a sus pares, a la tierra, al universo,
al mismo Dios y prostituirse,
sólo con el fin de escapar, de huir,
de irse de la muerte, de la desgracia, del mal,
del puto firmamento y sus acabados;
del odio; del ahogo; del adiós;
de sí mismo y sus fantasmas..
Uno puede engañarse,
mentirse, escabullirse,
evadir lo que es la realidad vivida..
Uno puede ignorar,
alejar, destruir, desparecer,
despreciar, dejar, apartar de sí
y para siempre al bien amado;
No mirarle a los ojos,
no buscar su existencia,
omitirla, fenecerla,
en una palabra
¡acabarlo!,
hacer todo lo que manda
el dolor
y el enfado…
Uno puede partir su cara en dos
rasgar su fotografía,
deshacer sus evidencias,
abusar de las estrategias,
cambiar cuando sea necesario
¡todo!,
a fin borrar, quitar,
despercudir,
desmanchar su memoria
de la nuestra;
su imparable incoherencia,
de la nuestra ya decepcionada,
su vida, la risa
y el olor de su esencia
loca..
anclada en nuestra piel
o nuestras sabanas, en el prurito de aventuras impensadas..
Uno puedo quemarse,
una hora, dos, mil días, una semana,
ocho milenios, un segundo..
mas, en el fondo,
habiendo llegado al final de nuestra osadía,
de nuestros días incontables
vemos que el infinito es finito,
que la belleza es mentira,
que río sabe a sangre y la tierra a lupus,
que nuestros hijos, amigos, pares;
las incontables escapatorias;
las horas, los días.. el segundo;
eso; la torpe huida;
rasgar su fotografía,
el ruido del no, nunca,
no esperes..etc,
no son más que pretextos atrapados como bichos,
en lugar de aquellos a quienes realmente no dimos su significado..
Uno puede sencillamente morirse y seguir vivo,
jugar a estar vivo cuando se está muerto,
y jamás entender el final de todo: El perdón,
Luis Alberto Mayorga Jacobi.
Del Libro: El Amor y las crisálidas.
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